Relata la comida en casa de un fariseo, donde Jesús sana a un hombre con hidropesía y luego da dos enseñanzas: la primera, sobre sentarse en el último lugar para recibir honra al ser exaltado; y la segunda, para que al hacer un banquete se invite a los pobres, cojos y ciegos, no a los ricos, ya que así se recibirá recompensa en la resurrección de los justos.