Jesús regresa a su ciudad natal, Nazaret, y lee un pasaje del profeta Isaías en la sinagoga, declarando que ese día se cumple la profecía sobre Él para llevar la buena nueva a los pobres. Después de un momento de asombro, la gente se enfurece al darse cuenta de que Jesús no solo se dirige a su pueblo, sino también a los gentiles (como la viuda de Sarepta y Naamán el sirio), en lugar de hacer milagros solo para ellos. Furiosos, intentan arrojarlo por un precipicio, pero Él escapa milagrosamente de entre ellos.