Jesús explica por qué sus discípulos no ayunan como los de Juan el Bautista y los fariseos: porque la alegría de tener al "novio" (Él mismo) presente hace que no sea el momento para el ayuno. Jesús ilustra esto con dos parábolas: la del vino nuevo en odres viejos, que sugiere que su mensaje y su obra no se pueden aplicar a las viejas prácticas religiosas, y la del remiendo de un vestido nuevo en uno viejo, para enfatizar la incompatibilidad entre lo viejo y lo nuevo.