Jesús cenando en casa de un fariseo llamado Simón, es atendido por una mujer que, en un acto de arrepentimiento y amor, baña sus pies con lágrimas, los seca con su cabello y los unge con perfume. Jesús utiliza esto para enseñar a Simón sobre el perdón, contándole la parábola de un prestamista con dos deudores y explicando que la mujer, a quien se le han perdonado muchos pecados, demuestra un gran amor a cambio, concluyendo que su fe la ha salvado y debe irse en paz.