Jesús pronuncia un lamento contra las ciudades de Corozaín y Betsaida por no haberse arrepentido ante los milagros que presenciaron, señalando que Tiro y Sidón serían más tolerantes en el juicio. También advierte a Cafarnaúm que su orgullo la llevará hasta el abismo. El pasaje concluye enfatizando que quien escucha a los discípulos, escucha a Jesús, y quien los rechaza, rechaza a Dios.