Las mujeres, llenas de temor y alegría, huyen del sepulcro para anunciar la resurrección de Jesús a sus discípulos. Jesús mismo se les aparece y les ordena que avisen a sus hermanos que vayan a Galilea, donde lo verán. Mientras tanto, algunos soldados informan a los principales sacerdotes de lo ocurrido. Ellos, junto con los ancianos, sobornan a los guardias para que difundan la mentira de que los discípulos robaron el cuerpo mientras los soldados dormían, una historia que se ha mantenido hasta el día de hoy.