Jesús sanó a una mujer encorvada, que llevaba 18 años enferma por causa de un espíritu, un sábado en la sinagoga. La mujer se enderezó inmediatamente y alabó a Dios. El líder de la sinagoga se molestó, argumentando que la sanación no debía hacerse en el día de reposo, a lo que Jesús respondió que, si ellos desatan a sus animales para beber en sábado, cuánto más a esta hija de Abraham, que Satanás tenía atada.