Unos fariseos advierten a Jesús que Herodes quiere matarlo, pero Él responde con determinación que debe seguir su camino hasta Jerusalén, pues es allí donde los profetas son asesinados. Jesús lamenta la falta de voluntad de Jerusalén para ser reunida, compara su deseo con una gallina que protege a sus pollitos y anuncia que su templo quedará abandonado hasta que lo reciban como "¡Bendito el que viene en nombre del Señor!".