Describe las condiciones radicales para ser discípulo de Jesús, enfatizando la necesidad de que Él ocupe el primer lugar en la vida por encima de la familia y las posesiones. Jesús utiliza tres exigencias —"aborrecer" a sus parientes y a uno mismo, cargar la propia cruz y renunciar a todos sus bienes— junto con las parábolas del constructor de la torre y el rey en guerra para ilustrar el cálculo y el compromiso absoluto que requiere el discipulado.