Compara la llegada del Hijo del Hombre con los días de Noé y Lot, enfatizando que sucederá de forma inesperada mientras la gente vive su vida cotidiana. Advierte a los discípulos que, en aquel día, deberán abandonar sus posesiones en la azotea o sus pertenencias en el campo para no ser alcanzados. La parábola concluye con la imagen de la separación ("uno será tomado y el otro dejado") y la pregunta de los discípulos, a la que Jesús responde que donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.