Describe a Jesús regocijándose en el Espíritu Santo, alabando al Padre por revelar su Reino a los humildes y sencillos ("niños") en lugar de a los sabios y entendidos, y declarando que solo el Padre conoce al Hijo y solo el Hijo a quien Él lo revela. Luego se vuelve a sus discípulos y les dice que son afortunados por ver y oír lo que muchos profetas y reyes desearon ver y oír, pero no pudieron, enfatizando la bendición de ser parte de este misterio revelado.