Advierte que no basta con decir "Señor, Señor", sino que solo entrarán al Reino los que hacen la voluntad del Padre, contrastando a los que oyen y practican sus palabras (sabios, casa sobre roca) con los que solo las oyen y no las cumplen (necios, casa sobre arena), quienes enfrentarán la ruina ante las pruebas de la vida.