Narra cómo Jesús entra en la sinagoga y encuentra a un hombre con una mano seca (paralizada), mientras los fariseos lo acechan para acusarlo de trabajar en sábado al sanar al hombre, a quien Jesús le pide que se ponga en medio y extienda su mano, restaurándola milagrosamente, lo que lleva a los fariseos a conspirar con los herodianos para matarlo por su desafío a sus interpretaciones de la ley.