Narra cómo Jesús se retira al mar con sus discípulos, atrayendo una multitud enorme de diversas regiones que buscaban ser sanadas, lo que lo obligó a usar una barca para no ser aplastado; los espíritus inmundos lo reconocían como el Hijo de Dios y gritaban, pero Jesús les ordenaba enérgicamente que no lo revelaran.