Conocidos como las Bienaventuranzas, abren el Sermón del Monte y representan el núcleo de la enseñanza de Jesús. Definen la verdadera felicidad y el carácter del cristiano, invirtiendo los valores mundanos al bendecir a los pobres de espíritu, mansos, perseguidos y misericordiosos, prometiéndoles el Reino de los Cielos.