Describe cómo los primeros cristianos compartían sus posesiones en una comunidad de un solo corazón y mente, sin necesidad de poseer nada individualmente, ya que todo era común. Vendían tierras y casas y entregaban el dinero a los apóstoles para distribuirlo entre los necesitados. Un ejemplo es José, también conocido como Bernabé ("hijo de consolación"), quien vendió un campo y entregó el dinero a los apóstoles.