Habla del amor de Dios al mundo, el cual se manifiesta en la entrega de su Hijo unigénito para que todo aquel que crea en Él reciba vida eterna en lugar de ser condenado. La luz que Jesús trajo al mundo es para salvación, no para condenación, pero el juicio se produce porque los hombres prefirieron la oscuridad a la luz, rechazando así la obra de Dios y la verdad.