Nos invita a realizar obras de justicia (limosna, oración, ayuno) con sinceridad, buscando agradar a Dios en lo secreto en lugar de buscar la aprobación pública. Jesús advierte contra la hipocresía, señalando que la verdadera espiritualidad nace del corazón, no del espectáculo, asegurando que el Padre recompensará la piedad auténtica.