La multitud le pide a Jesús una señal, recordándole el maná del desierto que comieron sus padres. Jesús les responde que no fue Moisés quien les dio el verdadero pan del cielo, sino su Padre, porque el pan de Dios es el que desciende y da vida al mundo. Entonces, les dice directamente: "Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed".