Habla sobre Jesús como el Pan de Vida, afirmando que nadie puede ir a Él sin que el Padre lo atraiga y que aquel que cree en Él recibe vida eterna. Jesús se compara al maná que descendió del cielo, no para morir, sino para que quien coma de él viva para siempre, y se presenta a sí mismo como la carne que él dará por la vida del mundo.