Jesús afirma que sus ovejas escuchan su voz, lo conocen y lo siguen, y él les da vida eterna, por lo que jamás perecerán y nadie las puede arrebatar de su mano. Añade que su Padre, quien se las ha dado, es mayor que todos, por lo que nadie puede quitarlas de la mano del Padre, y concluye afirmando que él y el Padre son uno.