También conocido como el evangelio de los versículos 22 al 30 del capítulo 10 de San Juan, narra el momento en que Jesús afirma su divinidad ante los judíos en la fiesta de la Dedicación. Jesús declara que sus obras dan testimonio de Él, que sus ovejas escuchan su voz y que Él y su Padre son uno, ofreciendo vida eterna a sus seguidores.