Jesús explica a sus discípulos que, aunque su partida al Padre les llena de tristeza, es una conveniencia para ellos, pues si Él no se va, no vendrá el «Paráclito» o «Defensor», el Espíritu Santo. Este Espíritu, al venir, convencerá al mundo de pecado (por no creer en Jesús), de justicia (porque Jesús va al Padre) y de juicio (porque el gobernante de este mundo, ya ha sido juzgado).