Jesús dice a sus discípulos que su tristeza por su partida se transformará en alegría al verle de nuevo, comparándolo con el dolor de parto que se olvida al nacer un niño. Predice que en ese día ya no necesitarán preguntarle nada, sino que pedirán directamente al Padre en su nombre y recibirán lo que pidan, lo que hará su alegría completa.