Instruye a no acumular tesoros en la tierra, sino en el cielo, pues donde está tu tesoro, allí está tu corazón. También compara el ojo con la lámpara del cuerpo, indicando que un ojo "sano" o "bueno" ilumina todo el cuerpo, mientras que un ojo "malo" o "enfermo" sume al cuerpo en oscuridad.