Narra que Jesús enseña que la salvación no depende de las palabras, sino de hacer la voluntad del Padre. Luego, utiliza la parábola del hombre prudente que edifica su casa sobre roca (por ser quien oye y pone en práctica Sus palabras) y el hombre necio que construye sobre arena (el que solo escucha y no practica). El pasaje concluye con la reacción de la multitud, admirada por la autoridad con la que Jesús enseñaba.