Jesús fue rodeado por recaudadores de impuestos y pecadores que querían escucharle, lo que generó la crítica de fariseos y escribas que lo acusaban de recibir a pecadores y comer con ellos. Jesús respondió con la parábola de la oveja perdida, relatando que un pastor que pierde una oveja deja las 99 para ir a buscarla, y al encontrarla la pone sobre sus hombros con gozo, haciendo una fiesta para celebrar. La parábola concluye con la afirmación de que hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse.