Jesús pregunta a sus discípulos qué dice la gente sobre Él, y tras escuchar varias respuestas, les pregunta a ellos directamente. Simón Pedro confiesa: "Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo". Jesús entonces lo declara bienaventurado, porque esa confesión no se la reveló la carne ni la sangre, sino el Padre celestial. Jesús también le dice: "Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia", y le promete las llaves del reino de los cielos, lo que significa que lo que ate o desate en la tierra será atado o desatado en el cielo.