Jesús, al verse rodeado por la multitud, decide pasar al otro lado del lago y, mientras se prepara para partir, se le acercan dos personas. Primero, un maestro de la ley que promete seguirlo a donde vaya, a lo que Jesús responde indicando que el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. Luego, un discípulo pide permiso para ir a enterrar a su padre, y Jesús le dice: "Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos"