Los fariseos le piden a Jesús una señal, pero Él les contesta que la única señal que se les dará será la del profeta Jonás, que es una prefiguración de su propia muerte y resurrección (tres días y tres noches en la tierra). Jesús añade que los hombres de Nínive y la reina del Sur se levantarán en el juicio para condenar a la generación de su tiempo, pues ellos sí se convirtieron ante la predicación de Jonás y la sabiduría de Salomón, respectivamente, mientras que la generación actual no acepta a Jesús, quien es más grande que ambos.