La homosexualidad ha terminado convirtiéndose en una construcción cultural que ha normalizado lo que, hasta el momento de su asimilación por el discurso operante, era una práctica disidente, marginal, subversiva... La homonormatividad complementa la heternormatividad en todos los aspectos, a pesar de incurrir en un grave conflicto interno [de signo discursivo] al cuestionar los principios de lo heteronormativo desde un discurso claramente asimicionalista. Pero esta puesta en cuestión de los principios básicos de la heteronormatividad [desde el discurso homonormativo] se ha centrado en una crítica mordaz hacia el sistema patriarcal y heterosexista, pero no a las lógicas binarias del propio discurso que se intenta poner en cuestión. De esta manera, desde las instancias honomormativas se promueve la adopción de las estructuras e instituciones heterosexuales [matrimonio, relaciones de poder de género, descendencia de sangre...], a la par que se ataca e ilegalizan aquellas identidades sexuales que operan al margen de la normatividad [hetero u homo]. Si seguimos esta básica linea deductiva llegamos a la conclusión de que la homosexualidad ha terminado por constituirse en una práctica sexual y una identidad normativa, que a pesar de haber desafiado a las lógicas identitario-sexuales del heteropatriarcado, ha terminado por ser asimilado por las estructuras que hasta entonces la excluia.