El principio de Dios es crecer y como consecuencia de ese crecimiento avanzar, tal como Él lo menciona en su palabra en el Salmo 1. Pero nuestro crecimiento debe estar basado en el modelo de Dios, en reflejar su carácter, en la medida de la estatura de Cristo, y en el avanzar constante de la vida nuestro corazón debe estar guardado por la gratitud y la doración, a tal punto que cuando llegue la bendición esta no nos haga desenfocar, sino que nos lleve a tener la confianza que no se basa en un pronóstico sino en la promesa dada por Dios, entendiendo que sin importar las circunstancias Él tiene el control de todo.