Devocionales con Joel Sierra

Public Justice and Private Righteousness


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Salmo 149:3-6 (La Palabra)
Que alaben su nombre entre danzas, que le canten con cítara y pandero,
porque el Señor ama a su pueblo, a los humildes honra con la victoria.
Que los fieles exulten triunfantes, que en sus lechos griten de alegría,
con himnos a Dios en sus gargantas y espadas de dos filos en sus manos;
PENSAR: Los salmos hebreos son importantes para la vida de oración de la iglesia cristiana porque representan el testimonio de fe de un pueblo que –en otras épocas— ha creído en el mismo Dios vivo y santo, y que se nos ha revelado plenamente en JesuCristo. Estos testimonios de fe tienen elementos que nosotros también hemos vivido y conocemos.
Casi al final del libro de los salmos tenemos una invitación a alabar a Dios con un cántico nuevo. Es bueno que esta nota sobre los cantos nuevos aparezca al final del libro más sagrado de cánticos del pueblo de Dios. Porque quiere decir que, aunque el libro tan extenso de salmos es un tesoro hermoso, no significa que lo que está incluido ahí son todos los cantos posibles del pueblo de Dios. Podemos esperar que las siguientes generaciones también producirán cantos nuevos para expresar su fe en el Señor y su compromiso con la bendición que Dios quiere dar al mundo.
En el salmo 149 nos llama la atención la referencia a la plaza pública (la danza de las espadas) y al lecho de la habitación privada. Esto quiere decir que la relación con Dios se tiene que vivir tanto en el plano público como en el privado. Dios tiene que ver con lo que ocurre en el espacio de todos y también en los espacios privados, donde nos recostamos a dormir en los lechos.
El pueblo de Dios cultiva la relación de fe que se expresa públicamente en la fiesta de la plaza, pero también esa fe se expresa en cantos del corazón que se oyen como gritos de alegría desde la cama, en el territorio de lo privado de nuestra recámara. Plaza pública y lecho privado son dos campos en los que se cultiva la fe y la piedad. El espacio político en el que vivimos debe ser limpio, justo y sano, y también nuestra cama debe ser un lecho sin mancilla. Es justicia en lo público y rectitud en lo privado.
La danza a la que se hace referencia es una que tiene versiones en muchas culturas, incluyendo la de Latinoamérica. Es “la danza de los machetes”. La coreografía de esa danza tiene movimientos con espadas que simulan un combate, se pasan la espada por arriba del otro danzante, que se agacha, y por debajo, para que la salte. Dan vueltas y chocan los metales de manera muy sonora.
Formaba parte del folclor de Israel. Era una danza de fiesta nacional. Nos hace recordar que también nosotros debemos orar por nuestro país, y colaborar para que haya mayor paz, justicia y prosperidad en medio nuestro como habitantes de esta patria terrenal.
Nuestra ciudadanía está en los cielos, y vivimos como extranjeros en el mundo. Pero nos motiva la bendición que Dios quiere dar a todas las familias de la tierra, y participamos en esa bendición por medio de la justicia pública y la rectitud privada.
ORAR: Señor, tus cánticos nos acompañan en el baile de la plaza y en el reposo del lecho. Amén.
IR: Dios quiere bendecir a todas las familias de la tierra, y nada puede detener ese plan.
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Devocionales con Joel SierraBy Joel Sierra Cavazos