En 1508 una mujer dio clases en la en la Universidad de Salamanca. Se llamaba Lucía de Medrano y tuvieron que pasar tres siglos para que un hecho semejante se repitiera.
Ella fue una de las puellae doctae, las "muchachas doctas": un grupo de mujeres extraordinarias que en pleno siglo XVI se atrevieron a estudiar, escribir y enseñar en una sociedad que no esperaba ninguna de esas cosas de ellas. Dominaban el latín, el griego, el hebreo, escribían cartas al Papa y enseñaban a reinas.
Y la historia las olvidó.