La cruda realidad es que el sufrimiento tocará nuestra puerta en algún momento. Y en muchos casos, la única herramienta que tenemos para enfrentarlo es la oración. Esto puede que sea algo trivial, pero el hecho de que sea así es porque hemos perdido de nuestro vocabulario cristiano un lenguaje bíblico para hablar del sufrimiento. Este lenguaje es el lamento.