En una carta a su hijo, el autor J.R.R. Tolkien inventó una palabra que, en su mente, describía lo que hace que una historia sea grande: ¡eucatástrofe! Una buena catástrofe. Él definió su palabra como un giro feliz en una historia que lo hace llorar de alegría. Tolkien comparó la euforia de la eucatástrofe con el alivio alegre de una coyuntura fuera de la articulación que de repente se pone a su lugar. ¡Únete a mí para experimentar la euforia de los eucatástrofes que Dios está causando en nuestras historias!