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Cuando la cuenta regresiva comienza, todo cambia. El café matutino se convierte en uno de los últimos 365 que probarás. El sol sobre tu piel ya no es simplemente calor, sino una de las sensaciones limitadas que aún puedes sentir. Y ese reflejo en el espejo ya no es solo tu rostro—es el rostro de alguien que está viviendo sus últimos días.
Esta reflexión sobre nuestra mortalidad no pretende ser deprimente, sino revolucionaria. Nos sacude para recordarnos que la vida siempre ha sido finita, aunque vivamos pretendiendo lo contrario. El tiempo adquiere peso cuando reconocemos su escasez. Los problemas triviales se desvanecen y las prioridades emergen con claridad cristalina: las personas que amamos, las conversaciones pendientes, los sueños postergados, los miedos que necesitan ser enfrentados.
La verdad más poderosa que descubrimos es que nunca tuvimos garantizado un año completo ni 365 días. Solo tenemos hoy. Un día que no se repite, que nunca volverá. La vida no nos avisa cuando experimentamos algo por última vez—la última canción, la última risa compartida, el último abrazo de quien amamos. Por eso, la verdadera pregunta no es qué haríamos si nos quedara un año, sino qué haremos con este día, el único que realmente poseemos. ¿Seguirás postergando tus sueños esperando un momento perfecto, o comprenderás que la vida no se acumula, se gasta? Mírate al espejo con los ojos de quien sabe que está en cuenta regresiva y pregúntate: ¿qué vas a hacer con el día que te queda?
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By VIDAL ESTEVEZCuando la cuenta regresiva comienza, todo cambia. El café matutino se convierte en uno de los últimos 365 que probarás. El sol sobre tu piel ya no es simplemente calor, sino una de las sensaciones limitadas que aún puedes sentir. Y ese reflejo en el espejo ya no es solo tu rostro—es el rostro de alguien que está viviendo sus últimos días.
Esta reflexión sobre nuestra mortalidad no pretende ser deprimente, sino revolucionaria. Nos sacude para recordarnos que la vida siempre ha sido finita, aunque vivamos pretendiendo lo contrario. El tiempo adquiere peso cuando reconocemos su escasez. Los problemas triviales se desvanecen y las prioridades emergen con claridad cristalina: las personas que amamos, las conversaciones pendientes, los sueños postergados, los miedos que necesitan ser enfrentados.
La verdad más poderosa que descubrimos es que nunca tuvimos garantizado un año completo ni 365 días. Solo tenemos hoy. Un día que no se repite, que nunca volverá. La vida no nos avisa cuando experimentamos algo por última vez—la última canción, la última risa compartida, el último abrazo de quien amamos. Por eso, la verdadera pregunta no es qué haríamos si nos quedara un año, sino qué haremos con este día, el único que realmente poseemos. ¿Seguirás postergando tus sueños esperando un momento perfecto, o comprenderás que la vida no se acumula, se gasta? Mírate al espejo con los ojos de quien sabe que está en cuenta regresiva y pregúntate: ¿qué vas a hacer con el día que te queda?
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