Ataúdes, funerales y cementerios, nos confirman que de la muerte no escaparemos. Después de la muerte, la vida eterna con Cristo o la condenación eterna son una realidad.
Ataúdes, funerales y cementerios, nos confirman que de la muerte no escaparemos. Después de la muerte, la vida eterna con Cristo o la condenación eterna son una realidad.