En México, más de 200 productos agrícolas se cultivan sin un registro nacional que mida los niveles de plaguicidas, muchos de ellos prohibidos en otros países por su toxicidad. Mientras campesinos e indígenas son los más expuestos a los químicos, autoridades reconocen el problema pero avanzan lentamente en su prohibición. La falta de control deja en riesgo tanto a productores como a consumidores.