El lunes de Pentecostés de 1828 un joven adolescente desastrado entró renqueando al pueblo de Nuremberg, Alemania. Pronto los habitantes se congregaron a su alrededor, nadie sabía nada de su procedencia, el misterio del llamado Huérfano de Europa, ajeno a las costumbres y al habla humana recorrió todo el mundo y desde entonces las especulaciones sobre su origen y muerte no han podido esclarecerse. La ciencia lo describió como semi-salvaje, la sola palabra excitaba la imaginación de la época.