Transitar por la maternidad es una ardua tarea, que se torna dolorosa y traumática si el entorno y la sociedad no cumplen con su función, hecho que lamentablemente no es muy común que ocurra.
Hablamos de nuestra experiencia maternando y paternando y de cómo vemos que el sistema trata estos procesos.
Nos encontramos con políticas públicas ineficaces o inexistentes para la protección y seguridad de las madres y sus crías, un mercado laboral que castiga y discrimina a quien materna- por baja producción-, unos sistemas de salud que convierten un proceso natural en uno medicalizado, hasta parejas y familias que no cumplen su cometido de apoyar, sostener, cuidar y proteger, algunas por omisión o negligencia y otras por atosigamiento y presión extrema a las madres.
En definitiva, lo que debería ser un proceso de bienvenida a la vida natural y mamífero, lleno de oxitocina en el que madre y cría establecen su vínculo amoroso, se vuelve una carrera de obstáculos y dolores que nos deja llenas de heridas, a las madres y a las crías.
Si queremos cultivar un mundo de paz, debemos empezar por el inicio de la vida, por salvaguardar la paz y amor que representan la maternidad. Y por eso mismo, la maternidad será deseada, o no será.