La Palabra de Dios, a veces hinca: es dura; pero es, para despertarnos espiritualmente. El Pastor ensea, amonesta y exhorta con la autoridad del Espritu Santo; para ganar almas para Cristo. La Iglesia debe reconocer, obedecer y amar a su Pastor, porque es irreprensible, vive en Santidad interna y externa; y sobre todo: por causa del esforzado trabajo espiritual, que desarrolla.