La América no se resigna. No acepta la desaparición física de uno de sus mejores hijos. Hoy sus venas continúan abiertas por la añoranza de un ser querido, se sumerge en recuerdos, confesiones y esperanzas.
Ella lo vio crecer. Lo alimentó con la sencillez, la bondad de los pueblos más humildes. Fue cómplices de sus sueños de unidad e integración. Formó en sus entrañas a un líder que revolucionó todo el continente.