En este sábado santo la iglesia aguarda junto al sepulcro la
resurrección del Señor, no se celebra la eucaristía hasta la noche, en que la
solemne vigila pascual nos devuelve a Jesús resucitado como vida y salvación de
todos los hombres. Pero antes somos invitados a penetrar junto con Jesús en
este misterio de la muerte.
Jesús es sepultado, desciende a los infiernos decimos en el
Credo, es decir se hunde en ese misterio de la muerte a la que todos estamos
sometidos, se hunde allí, pero para destruir la muerte, con la vida nueva, de
la resurrección. Si el grano de trigo que cae en tierra, no muere no pueda dar
frutos, nos había dicho el mismo Señor. ÉL es el grano de trigo que se hundió
en el abismo de la muerte, para dar frutos de vida eterna, para todos nosotros.