A menudo pensamos que lo peor que le puede ocurrir a una pareja es que no funcione, a pesar de haber amor. Esto no es cierto, lo más negativo que puede ocurrir a una pareja, igual que en cualquier relación, es que lo que ya no funciona de un paso más hacia el polo negativo y se vuelva tóxico.
Por tóxico entendemos dañino. Ya no se trata de que la relación aporte bienestar a cada uno de sus miembros, sino que empieza a restárselo. Empieza a funcionar como una especie de ácido que daña a cada uno de manera individual, convirtiéndose los dos en una especie de freno para el crecimiento.