Este quinto Réquiem lo comienza el autor mencionando a otro personaje célebre de Federico, -Antonio Sánchez Mejías- que asombrado se asoma a la baranda sombría de la muerte, sorprendido de ver que el maestro de poetas -Federico-también está muerto.
Y en todas las ganaderías mugen los erales y hasta la brisa lo llora.
Federico le pide a su amigo torero el ungüento porque ya no se siente y le dice que le gustaría darle un abrazo, pero no puede porque lo ciega el viento.