Al día siguiente, antes del amanecer, Saúl dividió a sus hombres en tres grupos e invadieron el campamento de los amonitas mientras cambiaban de guardia. Antes del mediodía, habían derrotado a los amonitas. Los soldados amonitas corrían por todos lados, quedando completamente dispersos. Luego el pueblo le dijo a Samuel:
—¿Dónde están los que no querían que Saúl nos gobernara? ¡Tráiganlos para matarlos!
Pero Saúl dijo:
—¡No! No maten a nadie hoy que el SEÑOR ha liberado a Israel.