Samuel se acercó a Saúl y este lo saludó así:
—¡El SEÑOR te bendiga! Obedecí los mandamientos del SEÑOR.
Pero Samuel dijo:
—Entonces, ¿qué es ese ruido? ¿Por qué se oyen ovejas y ganado?
Saúl contestó:
—Los soldados los tomaron de los amalecitas y se quedaron con lo mejor para ofrecer sacrificio que debe quemarse completamente al SEÑOR su Dios, pero destruimos todo lo demás.