Pero los generales filisteos se enojaron con Aquis y le dijeron: Ordénale que regrese a la ciudad que le diste. No puede acompañarnos en batalla. ¿Es que no ves que tendríamos un enemigo en nuestro propio bando? Podría congraciarse con su rey llevándole las cabezas de nuestros hombres. Ese es el David por el que los israelitas danzaban y cantaban: “Saúl mató a miles, pero David mató a diez miles”.