En este poema, que el maestro de poetas Federico, escribió en el año 1.920, utiliza los distintos elementos que componen el universo, tanto vegetales, como animales y los fenómenos medioambientales a los que pone voz.
Mientras, su corazón va pidiendo que pongan en sus manos la llave del amor infinito.
Ya no tiene miedo a la muerte, ni a que un rayo le hiera como a un árbol y lo deje sin voz o sin ideas, puesto que ya tiene en la frente rosas blancas y la copa llena de vino.